Razones por las que el 2016 es el año de las legumbres

«Las legumbres pueden contribuir de manera significativa a abordar las cuestiones del hambre, la seguridad alimentaria, la malnutrición, los desafíos medioambientales y la salud humana», aseguró el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Las legumbres suponen una alternativa asequible a las proteínas de origen animal; son «ideales para mejorar la dieta en las zonas más pobres del mundo», manifestan desde la FAO. La proteína procedente de la leche, por ejemplo, resulta cinco veces más cara que la obtenida de las legumbres.

Constituyen un ingrediente clave también en las dietas saludables que deben imponerse en los países más ricos para hacer frente a la obesidad y prevenir y gestionar enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiopatías coronarias y el cáncer.

Las legumbres, además, alcanzan precios de venta más altos que los de los cereales (el doble o el triple, en algunos casos), por lo que «presentan gran potencial para sacar a los agricultores de la pobreza rural». Y su «procesamiento abre oportunidades económicas adicionales, en especial para las mujeres», subrayan desde el organismo.

Pero las legumbres no solo benefician a la salud humana. Los residuos de los cultivos de legumbres pueden usarse como forraje para el ganado. Y las propiedades fijadoras de nitrógeno de las legumbres pueden mejorar la fertilidad del suelo, incrementando la productividad de las tierras agrícolas (que elimina, a su vez, la dependencia de los fertilizantes sintéticos y acarrea una menor huella de carbono).

Las legumbres forman parte de la cultura alimentaria de buena parte de las regiones del mundo: son un ingrediente clave en muchos platos nacionales y regionales tradicionales, como el falafel, el dahl y los frijoles cocidos.

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