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¿Qué os parece si enseñamos a los peques a plantar una semilla de legumbre? De esta manera, les enseñaremos lo que es la responsabilidad de tener algo a su cargo y a que sean más cuidadosos y constantes. Todo ello enmascarado con simpatía y diversión como siempre:

Requeriremos:

  • Un par de alubias o tres de “La Pedriza”.
  • Un recipiente en el que realizar el plantado.
  • Algodón.

Bien, el proceso es bien sencillo: hay que colocar el algodón empapado en agua en el fondo del recipiente, colocar la semilla y taparla con otro trozo de algodón empapado.

De esta forma queda un poco soso, ¿no os parece?

Desde La Pedriza os damos unos truquitos para hacerlo más divertido y de esta forma, entusiasme al pequeñajo:

Puedes utilizar uno vasos de yogur a modo de recipientes y pintarlos para hacerlo más dinámico.vaso_yogur

O bien podemos utilizar como recipientes, huevos vacíos y pintarle una simpática cara:

germinador-huevo

¡Échale imaginación y verás como se te ocurre la manera de hacer que los peques se entusiasmen con esta idea!

Reúne a los peques de la familia: hijos, sobrinos, primos y siéntalos alrededor de la mesa ¡Vamos a jugar a las adivinanzas! La temática es: Alimentos.

Puedes montar un concurso al más puro estilo “50×15” ¡A ver quién se lleva más puntos!

Primera adivinanza:

Zorra le dicen,
aunque siempre del revés.
Se lo come el japonés
y plato muy rico es.

(El Arroz)

Segunda adivinanza:

Soy un viejo arrugadito,
que si me echan al agua
salgo mucho más gordito.

(El Garbanzo).

Tercera adivinanza:

Blanquilla es mi nombre
y endulzo la vida al hombre.

(El Azúcar)

Cuarta adivinanza:

Ver, ver, ver,
cierra la puerta y ¡zas!

(La Berza)

Quinta adivinanza:

Somos blancos, larguiruchos,
nos fríen en las verbenas,
y dorados, calentitos,
nos comen nenes y nenas.

(Los Churros)

Sexta adivinanza:

Tengo vaina y no soy sable,
el que lo sepa, que hable.

(El Guisante)

Séptima adivinanza:

Fríos, muy fríos estamos
y con nuestros sabores
a los niños animamos.

(Los Helados)

Octava adivinanza:

Jack las plantaba
y con un tesoro soñaba,
mientras que la planta hasta el cielo se alzaba
y hacia el castillo del ogro llevaba.

(La Habichuela)

Novena adivinanza:

De bello he de presumir:
soy blanco como la cal,
todos me saben abrir,
nadie me sabe cerrar.

(El Huevo)

Décima adivinanza

Lentes chiquitas,
jóvenes o viejas:
si quieres nos tomas
y si no nos dejas.

(Las Lentejas)

¿Qué os parece si le contamos un cuento de buenas noches al peque?

Hoy os traemos el cuento de “Garbancito” con el fin de que el pequeñajo se familiarice con estos regordetes.

Érase una vez un niño tan pequeño que cabía en la palma de la mano y por ese motivo todos le llamaban Garbancito.

Era tan pequeño, que cuando salía a la calle le gustaba cantar:

– ¡Pachín, pachín, pachín!
¡Mucho cuidado con lo que hacéis!
¡ Pachín , pachín, pachín!
¡A Garbancito no piséis!-

Sus padres le querían mucho, pues sabían que poco importa el tamaño cuando uno es listo.

Cierto día en que su padre iba al campo, Garbancito le pidió que le dejara acompañarle. Caminando, caminando, llegaron al prado de coles y Garbancito saltó al suelo para estirar las piernas.

Mientras su padre recogía las verduras para luego venderlas en el mercado, el diminuto muchacho jugaba entre las hileras de plantas. Jugando y saltando, Garbancito no cayó en la cuenta de que se alejaba cada vez más de su padre.

Tras uno de sus saltos, Garbancito fue a caer dentro de una col y comenzó a jugar dentro de ella.  El movimiento de Garbancito captó la atención de un enorme buey que pastaba a pocos pasos de allí y el gran animal de color pardo se encaminó hacia donde estaba el minúsculo muchachito y se comió la col de un bocado con el niño dentro.

Cuando llegó la hora de volver a casa el padre buscó a Garbancito por todas partes, pero fue incapaz de encontrarlo. Desesperado, avisó a su mujer y juntos recorrieron caminos y campos buscando a su hijo: – ¡Garbancito! ¿Dónde estás? – Gritaban al unísono.

Pero cayó la noche, vino el día y Garbancito no aparecía. Los padres apenas durmieron y después del desayuno siguieron buscando.

Cayó la lluvia y después nevó, y los padres seguían buscando: – ¡Garbancito! ¿Dónde estás? – Llamaban a voz en grito. – ¡Aquí estoy! ¡En la tripa del buey, donde ni nieva ni llueve! – Escucharon a lo lejos.

Contentos por haberle encontrado, los padres le hicieron cosquillas en la nariz al enorme buey pardo y con un gran estornudo del animal, Garbancito salió de la tripa y abrazó a sus padres con alegría.

Mientras volvían a casa para celebrarlo, los tres cantaban alegres:

– ¡Pachín, pachín, pachín!
¡Mucho cuidado con lo que hacéis!
¡ Pachín , pachín, pachín!
¡A Garbancito no piséis!-